martes, 12 de marzo de 2019

La OMS advierte del estigma de la salud mental en muchas partes del mundo

A medida que los migrantes y los refugiados se vuelven más vulnerables al riesgo de desarrollar enfermedades transmisibles y no transmisibles en comparación con la población de acogida, es necesario que tengan acceso lo más temprano posible a servicios sanitarios de calidad, en iguales condiciones que el resto de la población. Esta es la mejor manera de salvar vidas y de reducir los costes de tratamiento, así como de preservar la salud de los ciudadanos.
Con esta afirmación, la Organización Mundial de la Salud (OMS) presenta su nuevo informe sobre la salud de los refugiados y los migrantes en la Región de Europa.
El documento, preparado en colaboración con el Instituto Nacional de Salud, Migración y Pobreza de Italia (INMP), resume los datos disponibles más recientes sobre la salud de los refugiados y los migrantes en la Región de Europa de la OMS (a partir de la revisión de más de 13.000 documentos) y las respuestas del sistema de salud relacionadas con los aspectos de salud pública de la migración, así como los avances logrados por los países en este ámbito.
Tal y como señala la Organización, la salud de los refugiados y los migrantes se ha convertido progresivamente en un tema de interés común para todos los Estados miembros; sin embargo, en la actualidad, no existen indicadores o estándares globales o regionales al respecto, y no se implementa ningún marco global o regional para la recopilación de datos estandarizada y de rutina, por lo que, consecuentemente, hay una escasez de datos de salud científicamente válidos y comparables sobre las poblaciones de refugiados y migrantes.
Por ese motivo, mediante este informe, la OMS pretende crear una base de evidencia para ayudar a los Estados Miembros de la Región Europea -y otras partes nacionales e internacionales interesadas-, a promover la salud de los refugiados y migrantes mediante la implementación de la Estrategia y el Plan de Acción para la Salud de los Refugiados y Migrantes, que incorporan las áreas prioritarias enumeradas en Salud 2020, el marco de políticas de la Región de Europa de la OMS para la promoción de una salud y bienestar equitativos.
Según se recoge en el documento, los efectos del proceso migratorio, los determinantes sociales de la salud y los riesgos y exposiciones en los entornos de origen, tránsito y destino, interactúan con factores biológicos y sociales para crear diferentes resultados de salud.
Concretamente, en relación con los trastornos mentales en refugiados y migrantes, la OMS pone de relieve la considerable variación en torno a su prevalencia, en función de la población estudiada y la metodología de evaluación.
Asimismo, indica, "los factores de riesgo para problemas de salud mental pueden experimentarse durante todas las fases del proceso migratorio y en el asentamiento en el país de acogida". A este respecto, recogemos las principales conclusiones del informe con respecto a los problemas de salud mental:
Depresión y ansiedad
La prevalencia de la depresión y la ansiedad tiende a ser mayor que en las poblaciones de acogida, pero la variación por grupo de migrantes y en los métodos utilizados para evaluar la prevalencia dificultan el establecimiento de conclusiones firmes. Por ejemplo, la prevalencia informada de depresión en la población refugiada y migrante varió de 5% a 44%, en comparación con una prevalencia de 8 a 12% en la población general. Igualmente, las tasas para los trastornos de ansiedad en los grupos de refugiados también varían ampliamente, del 20,3% al 88%.
Algunos estudios evidencian que la demora en el tiempo del proceso de solicitud de asilo está relacionada con el desarrollo de la depresión y otros trastornos mentales. Las malas condiciones socioeconómicas, como el desempleo o el aislamiento, se asocian con mayores tasas de depresión en los migrantes y refugiados después del reasentamiento.
Trastorno por Estrés Postraumático
Los refugiados y los migrantes, especialmente los solicitantes de asilo y los migrantes irregulares, pueden estar expuestos a diversas experiencias traumáticas en todas las fases del desplazamiento y la migración, no solo en sus países de origen. Los refugiados que han estado expuestos a experiencias muy estresantes y amenazantes muestran un amplio rango en la prevalencia de trastorno por estrés postraumático (de 9% a 36%) en diferentes estudios, en comparación con el 1% a 2% en las poblaciones de acogida. La comorbilidad con depresión y ansiedad es muy común y algunas investigaciones han mostrado que, hasta el 40% de los refugiados en la Región Europea de la OMS con trastorno por estrés postraumático, tenía depresión clínica.
Uso de alcohol y otras sustancias
Hay poca evidencia de que las vulnerabilidades en las poblaciones de refugiados y migrantes deriven en el uso y abuso de sustancias, y algunas investigaciones han mostrado tasas más bajas de abuso de sustancias y alcohol entre los refugiados y migrantes; empero, en base a los datos, la prevalencia de tabaquismo ha sido mayor.
No obstante, la evidencia existente sugiere que factores como los problemas de salud mental, el estrés de adaptarse al nuevo entorno, el desempleo y la experiencia previa en la guerra podrían contribuir a incrementar el consumo de sustancias.
En esta línea, la OMS manifiesta que, pese a la limitada evidencia sobre el consumo de alcohol y otras sustancias entre los refugiados y los migrantes, es esencial que la prevención y el tratamiento del uso de sustancias se integren en los servicios ofrecidos a los refugiados y migrantes, como parte de una estrategia de salud pública bien informada para promover la salud de los refugiados y migrantes.
Psicosis y esquizofrenia
Los trastornos psicóticos solo se han evaluado en estudios clínicos y no en estudios poblacionales, lo que, en palabras de la OMS “hace imposible informar de su prevalencia”. La evidencia limitada sugiere que los refugiados tienen un mayor riesgo de trastornos psicóticos en comparación con la población de acogida y los migrantes, siendo el riesgo elevado más pronunciado en los hombres refugiados.
Otros estudios sugieren que la experiencia migratoria y el estatus de minoría étnica son menos influyentes que los factores sociodemográficos y las experiencias de trauma en la infancia.
Salud mental infanto-juvenil
El informe subraya el rol de la migración como factor de riesgo para la salud mental de niños y adolescentes, predominando, principalmente, problemas internalizados (TEPT, depresión y ansiedad), asociados con la exposición a la violencia y el estrés migratorio. Por el contrario, la investigación no es concluyente con respecto a los problemas externos, como el trastorno de conducta o la hiperactividad, aunque los niños desplazados y migrantes tienen más probabilidades de verse afectados.
Los datos revelan que el estado de salud mental de los niños refugiados e inmigrantes es, a menudo, más bajo que el de la población de acogida dentro de la Región Europea de la OMS. En esta misma línea, se ha observado que las tasas más altas de trastornos psiquiátricos -como depresión, trastorno por estrés postraumático y ansiedad- son más comunes entre los niños nacidos en el país de asentamiento de los padres nacidos en otro lugar que en los niños de la población de acogida.
Asimismo, se han detectado mayores tasas de intentos de suicidio un mayor riesgo de experiencias psicóticas entre los niños refugiados y migrantes, en comparación con las poblaciones de acogida.
Por otro lado, la evidencia de la investigación realizada en Noruega, España y Suecia sobre la salud de los niños refugiados y migrantes generalmente describe una menor prevalencia del consumo de alcohol y sustancias entre los jóvenes refugiados y migrantes en comparación con la mayoría de la población. Una excepción es el uso de drogas ilícitas en Suecia, que parece ser significativamente mayor en los jóvenes refugiados y migrantes que en los jóvenes de la población de acogida, en particular, para los migrantes procedentes de otros países europeos. Se han hallado también diferencias entre los grupos de migrantes: aquellos que proceden de Asia muestran un bajo consumo de cannabis en Noruega y un bajo consumo de alcohol en Suecia.
A juicio de los autores de este informe, una posible explicación de esas diferencias es que las normas en los países de origen de los refugiados y migrantes continúan influyendo en sus comportamientos.
Salud mental de menores no acompañados (MENA)
Los niños no acompañados que buscan asilo forman una población con un riesgo de problemas de salud mental particularmente elevado, lo que, según el informe, puede estar relacionado con su mayor riesgo de eventos traumáticos en la vida, como la violencia relacionada con los conflictos, haber sido testigo y/o sufrido eventos amenazantes, haber padecido abuso físico y sexual, o haber perdido un pariente cercano o cuidador.
Los estudios indican que los menores no acompañados muestran tasas más altas de depresión y síntomas de TEPTen comparación con otros grupos de refugiados o con niños que estuvieron acompañados por un adulto durante la migración.
Si bien todavía existe una amplia variación en la prevalencia de problemas de salud mental entre los menores no acompañados en los Estados Miembros de la Región Europea de la OMS, la evidencia sugiere que los desafíos de salud mental en esta población suelen aparecer, con frecuencia, a largo plazo.
Salud laboral
Los migrantes laborales constituyen el grupo más grande de migrantes a nivel mundial. Estas personas ven como sus condiciones de empleo varían drásticamente, al igual que los riesgos para la salud de los puestos de trabajo y el acceso a la protección social y de la salud. En base a los datos existentes, los problemas de salud mental, junto con los musculoesqueléticos y los respiratorios, son los problemas relacionados con el trabajo más comúnmente reportados entre los migrantes laborales.
Salud perinatal
Debido a los problemas de salud física, muchas mujeres migrantes padecen problemas de salud mental durante o después del embarazo, principalmente depresión posparto. En Portugal, por ejemplo, el riesgo de depresión posparto es más de seis veces mayor en las madres migrantes que en la población en general. Los factores determinantes de los problemas de salud mental materna o postparto o la depresión entre las mujeres refugiadas y migrantes en Europa, incluyen: aislamiento social, falta de apoyo socioemocional, barreras del idioma, problemas con la pareja/familia, conflicto cultural, ser madre soltera, depresión previa o no estar en contacto con su pareja, entre otros.
Trata de personas
Los efectos en la salud de la trata (por ejemplo, de abuso físico, psicológico y sexual) y las necesidades de salud de las víctimas de trata, se relacionan principalmente con la mala salud mental, la depresión, el TEPT, los pensamientos suicidas y el uso de sustancias (drogas, alcohol…).
En relación con el acceso a los servicios de atención, el informe pone de manifiesto el papel fundamental que desempeña la discriminación como barrera para acceder a la atención. Según los estudios, la discriminación puede causar problemas de salud mental, lo que posteriormente conlleva a problemas con la salud física. De hecho, la percepción de discriminación puede derivar en enfermedades crónicas (enfermedades cardiovasculares y diabetes) e indicadores generales de problemas físicos, como, por ejemplo, dolores de cabeza. Vinculado con la discriminación está el tema de la integración del refugiado o migrante en la nueva comunidad de acogida. Los refugiados y los migrantes que viven en Estados Miembros de la Región con políticas de integración menos favorables (excluyentes) han reportado peores resultados de salud (mortalidad por diversas causas y síntomas depresivos).
Lamentablemente, la salud mental está altamente estigmatizada en muchas partes del mundo y existen diferencias culturales en cuanto a los conceptos de salud mental y física. La OMS alerta de una mayor autoestigmatización entre los migrantes, lo que puede influir negativamente en su propósito de buscar ayuda, y, a largo plazo, podría conllevar tasas más elevadas de hospitalización.
El informe afirma que, independientemente de la prevalencia real de trastornos mentales en refugiados y migrantes, en aquellos países con un alto número de migrantes habrá un número significativo de trastornos mentales. Si bien los resultados de estos trastornos están muy influenciados por el grado de integración social, es probable que muchos migrantes requieran atención de salud mental. Empero, generalmente, hay una falta de servicios de salud mental en la Región.
En este sentido, lamenta la falta de existencia de un protocolo sobre el uso o los resultados de la atención de salud mental para los migrantes en situaciones vulnerables y, en general, la escasez de recursos humanos y económicos culturalmente apropiados, así como de servicios de salud mental para solicitantes de asilo, resaltando la trascendencia de los servicios psicológicos de salud mental.
La OMS concluye su documento recordando que “aún queda mucho por hacer para avanzar hacia sistemas de salud adaptados a las necesidades de los refugiados y los migrantes”.
Se puede acceder al informe desde la página Web de la OMS, o bien directamente a través del siguiente enlace:

lunes, 4 de marzo de 2019

MUJER Y SALUD MENTAL

Compartimos con vosotros un estudio acerca de las necesidades y demandas de las mujeres con problemas de salud mental.


Estudio mujer y salud mental

Necesidades, demandas y propuestas.
Portada-Mujer-Salud-Mental-2018
El objetivo general de este estudio consiste en realizar una aproximación a las principales demandas y necesidades de las  con problemas de  en la red asociativa de Castilla y León, para así definir las futuras medidas encaminadas a mejorar su inclusión social plena tanto en la red asociativa y federativa como en el medio comunitario y social en el que viven. Dentro de estas necesidades específicas se tratan temas como el empleo y la formación, la violencia de género, los derechos sexuales y reproductivos, la imagen social, el antoconcepto y autoestima, la autonomía y participación, el nivel de vida y la protección social, etc.
Para este estudio han participado 253 personas: 81 mujeres con problemas de salud mental, 76 mujeres cuidadoras y 71 profesionales de la red asociativa Salud Mental en Castilla y León.

miércoles, 16 de enero de 2019

Libros infantiles que hablan de enfermedad mental.

lunes, 17 de diciembre de 2018

El 79% del riesgo de esquizofrenia puede explicarse por factores genéticos

Esta es la reveladora conclusión del mayor estudio realizado con gemelos sobre esta grave enfermedad mental.
Chica enferma
Aproximadamente, 500.000 españoles y 21 millones de personas en todo el mundo sufren esquizofrenia, una enfermedad mental que, de acuerdo con un informe que acaba de publicarse en el Canadian Medical Association Journal, triplica el riesgo de mortalidad entre los afectados. Como media, los esquizofrénicos suelen fallecer ocho años antes que la gente sin esta dolencia, ya que estarían más expuestos a hábitos insanos como el tabaquismo y el sedentarismo, así como a los efectos secundarios de la medicación que toman.

Se calcula que en nuestro país los costes asociados a la esquizofrenia ascienden a 8.000 millones de euros, y es la tercera causa de discapacidad entre la población joven. Se trata, pues, de un grave problema de salud pública en el que es prioritario averiguar sus causas y determinar las mejores maneras de prevenirlo y tratarlo.
Las últimas noticias llegan desde Universidad de Copenhague, en Dinamarca, cuyos investigadores han anunciado las conclusiones del mayor estudio sobre este trastorno psiquiátrico llevado a cabo con gemelos. Y sus datos confirman la importancia del factor de la herencia: el 79% del riesgo de contraerlo se explicaría exclusivamente por razones genéticas. El trabajo, del que se ha hecho eco la revista Biological Psychiatry, intentaba refinar los resultados de anteriores estudios estadísticos, basados en el hecho de si los individuos sufrían en ese momento esquizofrenia o no, sin valorar el riesgo de contraerla más tarde.

 A la caza del gen

El doctor John Krystal, director de Biological Psychiatry, ha puesto en contexto la cifra estimada por los especialistas daneses: “este 79% se sitúa en el extremo superior de los porcentajes propuestos hasta ahora, que oscilaban entre el 50% y el 80%, lo cual respalda los intensos esfuerzos científicos por localizar los genes responsables de la esquizofrenia”.
Los expertos de la Univeridad de Copenhague han aprovechado la exhaustiva base de datos del Danish Twin Register, en el que están registrados todos los gemelos nacidos en Dinamarca a partir de 1870, información cotejada con la del Danish Psychiatric Central Research Register. Al final, los investigadores han podido examinar los casos de más de 30.000 parejas de hermanos gemelos.
Además, la investigación ha tenido en cuenta otros trastornos que no son esquizofrenia de modo estricto, pero pertenecen al mismo espectro de desórdenes psiquiátricos. Y en este caso, el índice de heredabilidad es también muy elevado: asciende al 73%.
“Nuestro estudio es la estimación más completa y rigurosa del componente genético de la esquizofrenia y su diversidad diagnóstica”, afirma Hilker Rikke, uno de los autores del informe. Porque, como también apunta este especialista, el peso del factor congénito se revela prácticamente igual en todas las manifestaciones de la enfermedad, que puede producir desde síntomas leves a incapacitar por completo al afectado.
Uno de los últimos avances en este sentido es el hallazgo de un rara variante genética, denominada RTN4R, que puede desempeñar un papel decisivo en el desarrollo de la esquizofrenia, como han sugerido investigadores japoneses en la revista Translational PsychiatryEste fragmento del ADN esta asociado a la producción de mielina, sustancia que actúa como conductor de las señales eléctricas entre neuronas, y cuya abundancia o ausencia están directamente relacionadas con el correcto funcionamiento del cerebro.

martes, 24 de julio de 2018

PRIVACIÓN DE LIBERTAD DE PERSONAS CON PROBLEMAS DE SALUD MENTAL: VIGILANCIA Y DENUNCIA


Las medidas que restringen los derechos de las personas con problemas de salud mental (internamiento involuntario, tratamiento ambulatorio involuntario, contenciones mecánicas, esterilizaciones…) son manifestaciones del fracaso del sistema socio-sanitario y de las redes de apoyo de las personas más vulnerables, como lo es la prisión en el ámbito penal. Por eso, el ideal es llegar a su desaparición, a la sustitución de estas prácticas por otras más acordes con los nuevos modelos de atención y con la dignidad inherente al ser humano, que la Convención de Nueva York se encarga de recordar a los Estados que la firmaron.











Pero mientras no se consigue la abolición de estas prácticas restrictivas de derechos, mientras se lucha por la obtención de un sistema más humano y que cause menos dolor a las personas, ¿qué se puede hacer? Creo que podemos hacer dos cosas de vital importancia: vigilar y denunciar. Vigilar para que, cuando las medidas restrictivas de derechos se apliquen, se lleven a cabo con las máximas garantías para proteger los derechos humanos y la dignidad de quienes las sufren; y denunciar todas las situaciones de abuso que se produzcan y llevar estas denuncias hasta las más altas instancias políticas y judiciales.
No deja de resultar llamativo que en otros ámbitos, la regulación de la privación de los derechos de las personas se regula minuciosamente: la Ley de Enjuiciamiento Criminal establece las condiciones y los límites para que a un investigado se le puedan intervenir las comunicaciones o se pueda entrar en su domicilio. Cuando las medidas son privativas de libertad, las condiciones, los límites y las garantías están detalladas hasta el extremo: la detención, la prisión provisional… Incluso existe una Ley y un Reglamento penitenciarios en los que se regulan los derechos y obligaciones de los presos y de los funcionarios; o un una Ley y un Reglamento de extranjería que detalla lo mismos extremos en los Centros de Internamiento de Extranjeros.

Pero veamos qué ocurre con el internamiento involuntario, media restrictiva de la libertad como puede ser cualquiera de las otras que he mencionado. El legislador dedica a esta medida un solo artículo de la Ley de Enjuiciamiento Civil, el 763, en el que se establecen unas mínimas garantías y un escueto procedimiento para poder privar de libertad a una persona que, en apariencia, tiene un problema de salud mental. Estas garantías son: derecho a ser asistido por un abogado, derecho a ser escuchado por el juez que ordenará (o no) el internamiento (dicho en sentido inverso, el juez tiene la obligación de escuchar personalmente a la persona sobre la que recae el procedimiento), a presentar todas las pruebas y testigos que considere oportunos (que luego el juez podrá admitir o no, según estime su relevancia para el caso) y el derecho a recurrir la resolución. Pues bien, dado que todo en esta institución jurídica es tan parco, debemos estar vigilantes para que se cumplan estas garantías y que ninguna de las partes que intervienen en el procedimiento las esquine.

Y de ahí surge la necesidad de denunciar las irregularidades que se cometan. No estamos ante una situación de poca importancia: nos enfrentamos ante la privación de libertad de una persona, privación de libertad que, en otros ámbitos, como ya hemos dicho, se encuentra regulada exhaustivamente.  Y debemos tener la perseverancia de llevar estas denuncias hasta donde sea necesario, en vía judicial o en vía de protección internacional de los derechos humanos (como los Comités de Naciones Unidas sobre derechos humanos, sobre prevención de la tortura y sobre derechos de  las personas con discapacidad). Y a esta denuncia nos puede animar los resultados positivos que se han obtenido, por ejemplo, en el Tribunal Constitucional, que ha anulado diversas autorizaciones de internamiento por carecer el afectado de defensa letrada a pesar de haberla solicitado o por no proceder a la inmediata puesta en libertad de una persona internada de urgencia cuando el juez no autorizó el mismo.

martes, 22 de mayo de 2018

La familia frente a los problemas de salud Mental


Sabemos la importancia que juega el papel de la familia en la evolución positiva de la enfermedad, es vital en el proceso rehabilitador de la persona que sufre problemas de salud mental, el apoyo y comprensión de sus allegados y familiares.
En los últimos 30 años y paradójicamente los avances  en  el manejo del trastorno mental grave  no ha sido gracias a los tratamientos farmacológicos  sino a los realizados en el ámbito psicosocial, sobre todo en relación a los programas de intervención familiar.
Ahora bien, todos no estamos preparados para poder abordar determinadas situaciones derivadas de la salud mental , la familia necesita tomarse su tiempo, apoyarse en profesionales de salud mental y poder ofrecer una ayuda adecuada a la situación de su familiar y mejorar la calidad de vida e integración social.
La convivencia diaria con un familiar que presenta un Problema de salud mental conlleva una serie de cargas   objetivas como subjetivas  que se traduce en una respuesta emocional del familiar.
La carga familiar repercute en distintas áreas de la vida del cuidador: las tareas de la casa, las relaciones de pareja, familiares y sociales, el desarrollo personal y del tiempo libre, la economía familiar, la salud mental y el malestar subjetivo del cuidador relacionado con la enfermedad
La carga objetiva se define como cualquier alteración potencialmente verificable y observable de la vida del cuidador causada por la enfermedad de la persona con problemas de salud mental. Se origina en las labores de supervisión y estimulación de la persona con problemas de salud mental
La carga subjetiva se relaciona con la tensión propia del ambiente que rodea las relaciones interpersonales entre la persona con problemas de salud mental  y sus familiares y las preocupaciones generales por la salud, seguridad, tratamiento y futuro de la persona con problemas de salud mental
Desde que comienzan a observarse los síntomas de la enfermedad hasta la fase de aceptación de la misma,  la familia por lo general manifiestas diversas reacciones  : elusión del problema, negación de la realidad, sobreprotección. Hasta llegar a reacciones positivas como es la aceptación de la enfermedad y la capacidad de ofrecer apoyos
Los familiares más implicados en la situación de su familiar , no hablan de una implicación sobreprotectora, hablan de una implicación en que el familiar crea una relación de Tú a Tú. No ven a una persona enferma que necesita estar cerca del familiar para poder valerse por él o ella misma. Se trata de una relación de igualdad, donde se valore las capacidades de la persona, la independencia de la persona y confiemos en la persona. Evitar la relación cuidador –enfermo. El familiar es el potenciador e impulsador capaz de promover la autoconfianza del enfermo.

martes, 6 de febrero de 2018

El funcionamiento social en la esquizofrenia


Las dificultades interpersonales han sido ampliamente descritas en individuos con trastornos del espectro de la psicosis y, específicamente, constituyen una característica principal de la esquizofrenia. Entre los déficits sociales más frecuentes se encuentran, por ejemplo, los problemas para conversar con otras personas de una manera fluida, manejar conflictos o actuar de manera asertiva con familiares, amigos o miembros de la comunidad. Estas limitaciones, altamente incapacitantes, hacen del entrenamiento en habilidades sociales (EHS) una parte esencial del tratamiento para estas personas y, además, el EHS es recomendado en múltiples guías clínicas de la esquizofrenia.

Tratamiento para mejorar el funcionamiento interpersonal en la esquizofrenia

Los tratamientos actuales para mejorar el funcionamiento interpersonal en la esquizofrenia pueden dividirse en dos grandes grupos: los derivados del conductismo y los basados en el entrenamiento de la cognición social.

Tratamientos derivados del conductismo

El objetivo general del primer grupo de tratamientos es mejorar el funcionamiento social de los pacientes mediante el entrenamiento sistemático de conductas socialmente efectivas, siguiendo las teorías de la modificación de conducta y el aprendizaje social. Algunos estudios apoyan la eficacia de este tipo de intervenciones para mejorar el funcionamiento social de pacientes con esquizofrenia, e incluso para reducir los síntomas psicóticos, las recaídas y las hospitalizaciones. Sin embargo, hallazgos más recientes han señalado que sus efectos y capacidad de generalización son bastante más limitados de lo que se creía.
Por ejemplo, un metanálisis de Pilling et al. [1] no encontró ningún beneficio significativo en los ensayos clínicos que utilizaban programas conductuales de EHS. De forma similar, Kurtz y Mueser [2]demostraron que estos tratamientos solo tienen un efecto moderado sobre el funcionamiento psicosocial (= 0.52) y pequeño en la reducción de recaídas (= 0.23). En esta dirección, una reciente revisión de colaboración Cochrane [3] ha concluido que aún no queda claro si los programas actuales de EHS producen resultados superiores a los cuidados convencionales.

Tratamientos basados en el entrenamiento de la cognición social

El segundo grupo de tratamientos se han centrado en entrenar distintas áreas de la cognición social con el objetivo de mejorar el funcionamiento interpersonal de los pacientes con esquizofrenia. El término de cognición social hace referencia a diversas habilidades neurocognitivas que subyacen a las interacciones sociales. Las habilidades que más interés han suscitado en el campo de la esquizofrenia son las de la teoría de la mente (ToM), el reconocimiento emocional y los estilos de atribución.
Un tratamiento muy conocido de este tipo es el Social Cognition and Interaction Training (SCIT)[4]. Se dispone de datos que demuestran la eficacia del SCIT en pacientes con esquizofrenia así como de otros programas similares que incluyen módulos específicos para mejorar el reconocimiento facial de emociones, la ToM o el estilo de atribución. A pesar de ello, Kurtz y Richardson [5] han encontrado que este tipo de programas tienen un impacto desigual sobre la cognición social. En concreto, se ha visto que sus efectos sobre el reconocimiento facial de emociones son entre moderados y altos (identificación, d = 0.71 y discriminación, d = 1.01). Sin embargo, su impacto sobre la ToM es inferior (d = 0.46) y ninguno sobre la percepción social, el estilo de atribución y los síntomas positivos y negativos de la esquizofrenia.
A nivel clínico, se ha cuestionado además el uso que este tipo de programas hace de las tareas informatizadas para el entrenamiento interpersonal. Parece lógico suponer que para mejorar de manera efectiva las habilidades mentales que dan sentido a las interacciones sociales, es preciso practicarlas en contextos interpersonales reales, similares a los que viven cotidianamente los pacientes.
Por otro lado, a nivel teórico existe también abundante evidencia que señala que los déficits sociales de la esquizofrenia se relacionan de forma más consistente con las dificultades para comprender e integrar los estados mentales propios y de los demás en situaciones interpersonales con alto contenido emocional, y no tanto con déficits neurocognitivos aislados.

EHS orientado a la metacognición

A la luz de estos hallazgos, Ottavi et al. [6]han desarrollado un nuevo programa de tratamiento que integra el EHS y el entrenamiento metacognitivo para mejorar el impacto sobre el funcionamiento social de los pacientes con esquizofrenia: el EHS orientado a la metacognición o en inglés, Metacognition-Oriented Social Skills Training (MOSST). Para una encontrar una definición más detallada del concepto de metacognición puede revisarse otra entrada de este mismo blog: https://blog.neuronup.com/esquizofrnia-y-neurorrehabilitacion/
Las habilidades sociales entrenadas en MOSST son similares a las de otros programas convencionales de EHS. Sin embargo, este tratamiento se centra de manera específica en promover la metacognición de los participantes, y en concreto en que comprendan correctamente las dinámicas y procesos mentales que subyacen en los contextos sociales. En este sentido, MOSST ofrece un enfoque único para desarrollar las habilidades de autorreflexividad, es decir, para formar representaciones mentales cada vez más complejas sobre uno mismo como individuo con pensamientos, emociones y deseos propios que, a su vez, motivan su propio comportamiento social y el de los demás. Con ello se trataría de que los participantes entiendan que sus pensamientos, sentimientos o deseos son experiencias subjetivas diferentes de las de otros y que sus expectativas internas no tienen por qué tener un efecto directo sobre la realidad. Una descripción más detallada de MOSST puede consultarse en Inchausti et al [7] o pinchando aquí.
Un reciente ensayo clínico publicado por nuestro equipo en Schizophrenia Bulletin, la principal revista científica sobre esquizofrenia y sus trastornos afines[8, 9] (disponible pinchando aquí), ha demostrado la superioridad de este tipo de intervenciones frente a otras basadas únicamente en el entrenamiento sistemático de conductas sociales deseables. Los resultados de este ensayo sugieren que incluir un entrenamiento sistemático en las habilidades metacognitivas produce mejoras superiores y más duraderas (los avances persisten de manera significativa a los 6 meses de finalizar el tratamiento) en el número y calidad de los contactos interpersonales,  así como un descenso significativo en la frecuencia de conductas sociales disruptivas y/o agresivas de estos pacientes.
Con replicación, estos resultados tienen importantes implicaciones clínicas. En primer lugar, porque se trata de un programa con una duración relativamente corta (16 sesiones de 90 minutos y frecuencia semanal), en un contexto grupal con entre 5 y 10 participantes por grupo, lo cual lo convierte en bastante coste-efectivo, manualizado y que produce mejoras sostenidas en el tiempo en el funcionamiento psicosocial de personas con esquizofrenia. Sin embargo, debido al énfasis metacognitivo de MOSST, es importante subrayar que los participantes con mayores dificultades neurocognitivas (p.ej., en la atención, memoria o velocidad de procesamiento) van a necesitar de una rehabilitación neurocognitiva previa, por ejemplo con plataformas como NeuronUP, para que el tratamiento sea plenamente efectivo. En este sentido, el funcionamiento neurocognitivo de estos pacientes es un aspecto previo fundamental para que intervenciones como MOSST sean verdaderamente útiles.

Referencias

  1. Pilling S, Bebbington P, Kuipers E, Garety P, Geddes J, Martindale B, Orbach G, Morgan C: Psychological treatments in schizophrenia: II. Meta-analyses of randomized controlled trials of social skills training and cognitive remediationPsychol Med 2002, 32(5):783-791.
  2. Kurtz MM, Mueser KT: A meta-analysis of controlled research on social skills training for schizophreniaJ Consult Clin Psychol 2008, 76(3):491-504.
  3. Almerie MQ, Okba Al Marhi M, Jawoosh M, Alsabbagh M, Matar HE, Maayan N, Bergman H: Social skills programmes for schizophreniaCochrane Database Syst Rev 2015(6):Cd009006.
  4. Penn DL, Roberts DL, Combs D, Sterne A: Best practices: The development of the Social Cognition and Interaction Training program for schizophrenia spectrum disordersPsychiatr Serv 2007, 58(4):449-451.
  5. Kurtz MM, Richardson CL: Social cognitive training for schizophrenia: a meta-analytic investigation of controlled researchSchizophr Bull2012, 38(5):1092-1104.
  6. Ottavi P, Pasinetti M, Popolo R, Salvatore G, Lysaker PH, Dimaggio G: Metacognition-Oriented Social Skills Training. In: Social Cognition and Metacognition in Schizophrenia. edn. Edited by Lysaker P, Dimaggio G, Brüne M. San Diego: Academic Press; 2014b: 285-300.
  7. Inchausti F, Garcia-Poveda NV, Prado-Abril J, Ortuño-Sierra J, Gainza-Tejedor I: Entrenamiento en habilidades sociales orientado a la Metacognición (MOSST): Marco teórico, metodología de trabajo y descripción del tratamiento para pacientes con esquizofreniaPap Psicol2017, 38(3):204-215.
  8. Inchausti F, García-Poveda NV, Ballesteros-Prados A, Fonseca-Pedrero E, Ortuño-Sierra J, Sánchez-Reales S, Prado-Abril J, Aldaz-Armendáriz JA, Mole J: A pilot study on feasibility, acceptance and effectiveness of metacognitive-oriented social skills training in schizophreniaBMC Psychiatry 2017, 17:217.
  9. Inchausti F, García-Poveda NV, Ballesteros-Prados A, Ortuño-Sierra J, Sánchez-Reales S, Prado-Abril J, Aldaz-Armendáriz JA, Mole J, Dimaggio G, Ottavi P et alThe Effects of Metacognition-Oriented Social Skills Training on Psychosocial Outcome in Schizophrenia-Spectrum Disorders: A Randomized Controlled TrialSchizophr Bull2017, in press.

Félix Inchausti Gómez

Psicólogo clínico en el Complejo Hospitalario de Navarra y profesor de Neuropsicología en la Universidad de Navarra.